Cuando fallece un residente: ¿cómo afecta también a los profesionales que le cuidaban?

Gestión del fallecimiento en residencias de mayores geriatría

En una residencia, los fallecimientos forman parte de una realidad que los profesionales saben que tendrán que afrontar. Sin embargo, saber que algo puede ocurrir no significa que resulte emocionalmente indiferente cuando sucede.

Auxiliares, gerocultores, personal de enfermería, terapeutas, trabajadores sociales y otros profesionales pueden acompañar a una misma persona durante meses o años. Conocen sus rutinas, sus preferencias, sus días buenos y malos. Le ayudan a vestirse, a desplazarse o a comer, conversan con ella y, en muchos casos, también acompañan a su familia.

Por eso, cuando esa persona fallece, la pérdida no afecta únicamente a sus familiares. También puede provocar una respuesta emocional en quienes la han cuidado.

La investigación realizada específicamente con profesionales de atención directa en cuidados de larga duración confirma esta realidad. Un estudio con auxiliares de residencias y trabajadores de atención domiciliaria observó reacciones de duelo tras el fallecimiento de las personas atendidas y encontró que el impacto tendía a ser mayor cuando existía una relación más estrecha, el cuidado se había prolongado durante más tiempo o el profesional se sentía emocionalmente poco preparado para la muerte.

El vínculo profesional también puede ser significativo

Existe una idea que conviene cuestionar: pensar que un buen profesional debería ser capaz de mantener tanta distancia que un fallecimiento no le afecte.

Trabajar profesionalmente no significa carecer de emociones.

En los cuidados de larga duración, el vínculo se construye precisamente a través de la continuidad. Las personas que trabajan en atención directa comparten numerosos momentos cotidianos con quienes viven en el centro. Esta cercanía puede favorecer la confianza, la seguridad y una atención más personalizada.

El reto no consiste, por tanto, en evitar cualquier vínculo para no sufrir, sino en aprender a mantener una relación profesional cercana sin quedar desbordado emocionalmente por las situaciones difíciles que forman parte del trabajo.

Cuando se produce un fallecimiento, pueden aparecer tristeza, sensación de vacío, recuerdos frecuentes de la persona, preocupación por la familia o la necesidad de hablar sobre lo sucedido. Algunos profesionales pueden sentirse especialmente afectados al entrar de nuevo en la habitación, realizar una rutina que asociaban con esa persona o atender a otra con características similares.

Estas respuestas no son iguales en todas las personas ni tienen por qué aparecer siempre.

¿Qué entendemos por duelo profesional?

La expresión duelo profesional se utiliza para describir las reacciones que pueden aparecer cuando fallece una persona con la que se había establecido una relación dentro del contexto laboral.

No se trata de equiparar automáticamente este duelo al de un familiar ni de considerar cualquier tristeza como un problema psicológico. Se trata de reconocer que el vínculo asistencial también puede hacer que una pérdida tenga significado para quien cuida.

Además, el profesional se encuentra en una situación particular. Puede sentirse afectado y, al mismo tiempo, tener que continuar su jornada, atender a otras personas residentes, relacionarse con familiares, realizar tareas administrativas o afrontar otro fallecimiento poco después.

A veces incluso aparece una contradicción interna:

  • “Sabía que podía ocurrir, pero no esperaba que me afectara tanto”.
  • “Llevaba años cuidándole y al día siguiente tenía que seguir trabajando como si nada”.
  • “Me dio mucha pena, pero pensé que no debía demostrarlo delante de la familia”.

Reconocer estas emociones permite gestionarlas mejor que intentar ignorarlas sistemáticamente.

No todos los fallecimientos afectan de la misma manera

Dos profesionales pueden vivir un mismo fallecimiento de forma muy diferente. Incluso una misma persona puede reaccionar de manera distinta ante distintas pérdidas.

Entre los factores que pueden influir se encuentran:

  • La duración y cercanía de la relación con la persona fallecida.
  • Las circunstancias y el grado de previsibilidad del fallecimiento.
  • La acumulación de varias pérdidas en poco tiempo.
  • Haber participado especialmente en los cuidados durante los últimos días.
  • La relación establecida con la familia.
  • La propia historia y experiencias previas del profesional.
  • El apoyo disponible dentro del equipo y de la organización.
  • La carga de trabajo y otras situaciones de estrés que estén ocurriendo simultáneamente.

La preparación también parece importar. La investigación con personal de cuidados de larga duración ha encontrado una asociación entre sentirse emocionalmente poco preparado para el fallecimiento y experimentar un duelo más intenso posteriormente.

Por eso, preparar a los equipos para afrontar la muerte no significa enseñarles a no sentir, sino ofrecerles conocimientos y recursos para comprender mejor lo que puede suceder.

¿Qué reacciones pueden aparecer?

Después de un fallecimiento puede existir tristeza, pena o sensación de vacío, pero la respuesta no siempre se manifiesta de una forma tan evidente.

Una persona puede tener más presente al residente durante unos días, recordar conversaciones o situaciones compartidas, sentirse especialmente sensible o necesitar comentar lo ocurrido con algún compañero.

También pueden aparecer cansancio, irritabilidad, dificultad para desconectar después del turno o dudas sobre la atención prestada: “¿Podríamos haber hecho algo diferente?”, “¿Estuvo suficientemente acompañado?”, “¿Respondí bien cuando la familia me preguntó?”.

El hecho de que aparezca alguna de estas reacciones de manera puntual no significa que exista necesariamente un problema de salud mental.

Conviene prestar mayor atención cuando el malestar es especialmente intenso, se mantiene, empeora o empieza a interferir significativamente en el descanso, las relaciones personales o la capacidad para desarrollar el trabajo. En estas situaciones puede ser apropiado buscar apoyo profesional.

Una pregunta útil: ¿qué necesito ahora?

No siempre necesitamos “solucionar” lo que sentimos. A veces ayuda identificar qué apoyo concreto podría facilitarnos continuar.

¿Necesito hablar?

Compartir lo ocurrido con alguien de confianza.

¿Necesito aclarar?

Resolver alguna duda sobre lo sucedido o sobre cómo se actuó.

¿Necesito recuperar?

Bajar el ritmo unos minutos, hidratarme, comer o recuperar concentración.

¿Necesito pedir apoyo?

Solicitar ayuda si una determinada tarea resulta especialmente difícil en ese momento.

Duelo profesional y burnout no son lo mismo

También es importante no utilizar indistintamente términos como duelo, estrés, fatiga por compasión y burnout.

El duelo profesional está relacionado con una pérdida concreta.

El burnout, en cambio, es definido por la Organización Mundial de la Salud como un fenómeno ocupacional relacionado con estrés crónico en el trabajo que no se ha gestionado adecuadamente y que se caracteriza por agotamiento, mayor distancia mental respecto al trabajo y reducción de la eficacia profesional.

Son fenómenos diferentes, aunque pueden interactuar.

De hecho, investigaciones realizadas con profesionales de atención directa han señalado que el duelo tras el fallecimiento de las personas atendidas puede ser un factor relevante dentro de una situación de desgaste laboral más amplia.

Por este motivo, tampoco sería adecuado interpretar cualquier malestar después de un fallecimiento como un problema exclusivamente individual. Las condiciones en las que trabaja el equipo importan.

El apoyo del equipo puede marcar la diferencia

10 minutos que pueden ayudar al equipo

No es una terapia ni una reunión formal. Es una breve pausa organizativa para comprobar cómo continuar.

1
Compartir la información necesaria

Evitar rumores y asegurar que quienes necesitan conocer lo ocurrido reciben una información clara.

2
Revisar las necesidades inmediatas

Comprobar si alguna tarea, espacio o situación puede resultar especialmente difícil para alguien.

3
Abrir la posibilidad de hablar

Sin obligar a nadie a compartir emociones ni convertir la conversación en algo impuesto.

4
Acordar cómo continuar

Redistribuir puntualmente tareas o establecer un apoyo concreto cuando sea necesario.

A veces no se necesita una intervención compleja. Poder decir “me ha afectado” y encontrar una respuesta respetuosa por parte de un compañero o responsable ya supone reconocer que lo ocurrido tiene un impacto.

Lo contrario también puede suceder.

Frases como “es parte del trabajo”, “hay que acostumbrarse” o “no puedes llevarte estas cosas a casa” pueden pretender ayudar, pero también pueden transmitir que determinadas emociones deberían ocultarse.

Un equipo saludable no necesita convertir cada fallecimiento en una reunión emocional obligatoria. Tampoco es recomendable forzar a nadie a expresar sentimientos que no desea compartir.

Lo importante es que exista la posibilidad de recibir apoyo.

Una conversación breve al terminar el turno, comprobar cómo se encuentra el profesional más directamente implicado, facilitar que el equipo pueda hablar sobre una situación especialmente difícil o realizar algún gesto de despedida coherente con la cultura del centro pueden ayudar a integrar lo ocurrido.

La responsabilidad no puede recaer únicamente en el profesional

Hablar de autocuidado es importante, pero resulta insuficiente si todo el peso se coloca sobre la persona trabajadora.

La OMS recuerda que la salud mental en el trabajo también depende de factores organizativos. Las cargas excesivas, la falta de apoyo, los horarios difíciles, la escasa capacidad de decisión o una comunicación deficiente forman parte de los riesgos psicosociales que pueden afectar al bienestar laboral. Por ello, recomienda combinar recursos individuales con intervenciones dirigidas a las condiciones y organización del trabajo.

En una residencia esto supone preguntarse también:

¿Qué ocurre en nuestro centro cuando fallece una persona residente?

¿El equipo recibe la información de manera adecuada? ¿Los responsables saben detectar cuándo alguien necesita apoyo? ¿Existe alguna pauta para situaciones especialmente difíciles? ¿Se habla del impacto de las pérdidas durante la formación del personal? ¿Qué ocurre cuando se producen varios fallecimientos en un periodo muy corto?

Estas cuestiones permiten pasar de una visión exclusivamente individual —“cada trabajador tiene que aprender a gestionarlo”— a una perspectiva más completa:

el bienestar emocional también se construye desde la organización.

El apoyo organizativo no termina el día del fallecimiento

En las primeras horas

Comunicar adecuadamente, organizar las tareas necesarias y comprobar si alguna persona necesita apoyo inmediato.

Durante los días siguientes

Observar cómo está funcionando el equipo, especialmente cuando el fallecimiento ha sido inesperado o especialmente impactante.

A medio plazo

Revisar qué se ha aprendido, qué apoyos han funcionado y si es necesario mejorar procedimientos, comunicación o formación.

¿Qué puede ayudar después de un fallecimiento?

No existe una única forma correcta de reaccionar. Algunas personas necesitan hablar; otras prefieren continuar con cierta normalidad. Algunas sienten tristeza inmediatamente y otras procesan lo ocurrido más tarde.

Puede resultar útil reconocer lo que se siente sin juzgarlo, apoyarse en compañeros de confianza, mantener los límites entre la vida profesional y personal y recuperar las rutinas habituales de descanso y cuidado personal.

En situaciones especialmente significativas también puede tener sentido establecer formas sencillas y respetuosas de despedida. No tienen por qué ser ceremonias complejas: pueden consistir en un momento de recuerdo, unas palabras compartidas por el equipo o cualquier otra práctica coherente con los deseos de la familia, la cultura del centro y el respeto debido a la persona fallecida.

Pero, sobre todo, es importante no normalizar el sufrimiento intenso como una obligación inherente a trabajar cuidando a otras personas.

Cuidar profesionalmente implica convivir con situaciones emocionalmente exigentes. Precisamente por ello, los trabajadores necesitan preparación, estrategias y organizaciones capaces de apoyarles.

Cuidar a quienes cuidan también forma parte de una atención de calidad

Una residencia no puede eliminar la realidad de la pérdida. Sí puede decidir cómo acompaña a sus profesionales cuando esta ocurre.

Formar a los equipos para comprender el duelo profesional, favorecer una comunicación abierta, preparar a los responsables para detectar situaciones de mayor vulnerabilidad y disponer de pautas de actuación contribuye a crear entornos laborales más saludables.

Además, proteger el bienestar de los profesionales no es algo separado de la calidad de los cuidados.

Los equipos que pueden hablar sobre las dificultades de su trabajo, pedir ayuda y sentirse respaldados están en mejores condiciones para continuar acompañando a las personas residentes y sus familias con profesionalidad y humanidad.

En FIT Formación contamos con la formación Gestión Emocional del Personal tras Fallecimientos en Residencias, dirigida a profesionales, responsables y equipos de centros residenciales. En ella se trabajan el duelo profesional, las reacciones emocionales ante las pérdidas, la fatiga por compasión, la comunicación, el apoyo entre compañeros, el liderazgo emocional y el desarrollo de protocolos y medidas organizativas para afrontar estas situaciones.

Porque estar preparado para acompañar una pérdida no significa dejar de sentirla, sino disponer de herramientas para afrontarla de una manera más saludable.

Semáforo de autoobservación

Una orientación sencilla para preguntarnos cómo estamos afrontando la situación.

Puedo continuar con normalidad

Hay tristeza o recuerdos, pero puedo descansar, relacionarme y desarrollar mi actividad habitual.

Conviene prestar atención

Me cuesta desconectar, estoy más irritable o cansado de lo habitual, o determinadas situaciones laborales me están resultando especialmente difíciles.

Es recomendable buscar apoyo

El malestar es intenso, persiste o interfiere de forma importante en el descanso, las relaciones o la capacidad para trabajar.

Este recurso es orientativo y no sustituye una valoración profesional.

Fuentes consultadas

Boerner, K., Burack, O. R., Jopp, D. S. y Mock, S. E. (2015). Grief After Patient Death: Direct Care Staff in Nursing Homes and Homecare. Journal of Pain and Symptom Management, 49(2), 214-222.

Boerner, K. et al. (2017). Burnout After Patient Death: Challenges for Direct Care Workers. Journal of Pain and Symptom Management.

Organización Mundial de la Salud. La salud mental en el trabajo.

Organización Mundial de la Salud. Riesgos psicosociales y salud mental en trabajadores de la salud.